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Hospital de Infecciosas, Dr. Francisco Muñiz

El Hospital Francisco Javier Muñiz, conocido popularmente como “el hospital de las pestes”, tiene más de cien años de vida, pero además una historia digna de orgullo. En el año 1894, se comienza a construir la Casa de Aislamiento, en donde se colocaba a las personas con enfermedades desconocidas o mortales. Desde 1904, esa casa pasó a llamarse Hospital de infecciosas “Francisco Javier Muñiz”.
Esta institución nació como un hospital de reclusión de enfermos, en donde se los excluía, al igual que en la añeja Casa de Aislamiento, por miedo al contagio. El Hospital llegó a tener más de 1100 camas, número que actualmente se ha reducido considerablemente,  hasta llegar a 400.
El Hospital es bautizado en honor al Doctor Francisco Javier Muñiz, un médico del ejército de mediados del siglo XIX, que además desempeñó labores tales como Diputado, Senador, Convencional y Presidente de la Facultad de Medicina, realizó contribuciones científicas en campos como la medicina, la paleontología, la zoología y la topografía de la región en la que trabajó.

El doctor Muñiz murió en 1871 realizando su gran pasión: atendiendo a los enfermos, en este caso, contagiados por la fiebre amarilla, enfermedad que azotaba a Buenos Aires y que se llevó la vida del recordado médico.
El nombre técnico del hospital sito en Uspallata 2272, habla de “Centro asistencial porteño de referencia nacional y regional en enfermedades infectocontagiosas”, y según marcan sus médicos y pacientes históricos, el reconocido hospital sigue honrando el nombre de Francisco Muñiz en cada consulta y  tratamiento.
Más allá de que el hospital haya sido bautizado con el nombre de una víctima de la fiebre amarilla, sus más de cien años hacen que sus pasillos y consultorios hayan visto pasar a cada una de las epidemias nacionales que dejaron huella en la historia de la medicina Argentina: la de polio de la década del 50, el brote de sarampión de 1969, el hantavirus en 1996. Hoy su nombre es casi inseparable del virus del sida.
El Muñiz es uno de los 33 hospitales que dependen del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Hoy en día, “el hospital de las pestes” atiende entre 12000 y 14000 consultas al mes. Esta entidad pública alberga a 926 trabajadores, de las cuales 300 son médicos, el resto enfermeros y administrativos. Todos los empleados, desde médicos hasta el servicio de limpieza deben cumplir estrictas normas de bioseguridad, que incluyen desde guantes hasta escafandras en el caso de atender un parto de una paciente VIH positiva. El índice de contagio laboral es de 1% aproximadamente, porcentaje mayor al resto de los hospitales e institutos, ya que se trata de un hospital de enfermedades infectocontagiosas. Es muy importante que se cumplan las normas de bioseguridad dentro del hospital, ya que este es un histórico lugar, formado por pacientes, familiares, personal médico, de enfermería, de psicología, de kinesiología, de laboratorio, de farmacia, de administración, de mantenimiento, de limpieza, de seguridad, de cocina, del servicio social, de voluntariado, de capilla, de otros servicios y consultorios, y dentro del Muñiz se considera que no solo hay que cuidar al paciente, sino también a uno mismo, ya que se trata cara a cara y diariamente con epidemias mortales.
El 80% de los casos que se atienden en el histórico hospital son vinculados al VIH Sida. El primer caso de VIH en Buenos Aires apareció en 1984 y, como toda enfermedad desconocida, fue atendida en el Muñiz. Sus profesionales y especialistas en epidemiología, corren altos riesgos de contagio de enfermedades de esta naturaleza, pero fieles al lugar en donde trabajan temen poco a estas enfermedades, con objetivo de cumplir su deseo de practicar la medicina y dejar en lo alto de la historia al Muñiz.
El resto de los casos infecciosos que se trataron y se tratan día a día, son moneda corriente en el vocablo y en el quehacer de los médicos del centenario Hospital: tuberculosis, neumonía, botulismo, leptospirosis, tétanos y lepra, todas ellas enfermedades infectocontagiosas. El Muñiz es un hospital de referencia nacional y regional para atenderlas. Como ejemplo, hace cinco años actuó ante la supuesta amenaza de ántrax, analizando 8.000 muestras.
Muchas de las enfermedades que años atrás imponían un aislamiento a la persona enferma y que imponían un aislamiento, ahora admiten tratamientos ambulatorios, gracias a los procesos médicos que el Muñiz realizó a lo largo de su historia.
Su cree que el 80% de los pacientes del Hospital vecino del Instituto Malbrán son del conurbano bonaerense y del interior del país. El en hospital, fue necesario levantar un pabellón para presos, debido al alto índice de contagio del virus del sida en las cárceles nacionales. Además de eso, existe la Unidad 29, cuya función es atender a los hijos de madres portadoras del virus VIH.
Tiempo atrás, los integrantes del Comité de Bioética del Hospital Muñiz elaboraron un documento, que se ha dado en llamar “Carta de Derechos y Obligaciones de los Pacientes y el Equipo de Salud”. Esta carta fue escrita con el objetivo principal de establecer reglas claras acerca de los derechos y deberes tanto del paciente como del cuerpo médico del Hospital.
Los trabajadores del Muñiz no cumplen una tarea fácil. Se enfrentan contra epidemias mortales. Pero deciden ir hacia adelante, avanzar. Contener, cuidar, conversar con un paciente con VIH u otra epidemia no es sencillo; pero los médicos, enfermeras, y todos los trabajadores del Muñiz, entendieron una consigna social que quizás a muchos de nosotros nos falte asimilar: Comprender que el enfermo es su ser humano, con las mismas sensaciones que cualquier otro, y con una finalidad: reinsertarse en la sociedad.
“En este hospital se les ayuda a los pacientes a recuperar y mantener su estado de salud más óptimo. En términos generales lo importante es el respeto mutuo, entre pacientes y profesionales, profesionales entre sí, y así cada relación que se entabla en el hospital llegará al mejor resultado posible. Lo importante en definitiva es el respeto entre las personas, no importa quien tiene el guardapolvo puesto o quien está recostado en la sala de internación, todos deben manejarse con respeto, es la base de cualquier relación” reflexiona Mario Chamorro, un paciente que vive con VIH.
El epidemiólogo Rubén Masini cuenta que ama su especialidad porque es una de las pocas que cura a los pacientes. Se recibió de médico en 1967, comenzó su carrera en el Muñiz como concurrente, pasando a ser luego Médico de Guardia, Jefe de Servicio y actualmente es Vice Director. De forma similar a lo ocurrido al Dr. Francisco Muñiz, se contagió de neumonía atendiendo a un paciente, pero luego de pasar por terapia intensiva volvió a cumplir su rol: recobrar la salud de los pacientes del Hospital Muñiz.
A fines de la década del sesenta, en nuestro país, tuvo lugar una epidemia de sarampión. Motivo por el cual nuevos enfermeros y enfermeras comenzaron a trabajar en el Hospital Muñiz. Hoy en día, una de ellas, Mercedes Cevallos es la jefa de Enfermeras del Hospital.
“Lo que me atrapó de esta institución es la calidez de la gente, el ambiente de trabajo, ya sea con los pacientes o con los compañeros de trabajo. Todo lo que no me enseñó la universidad lo aprendí acá”, nos dice Sandra Gagliardo, enfermera del hospital.
Pero la alegría de los trabajadores del Muñiz, hoy se entremezcla con el problema que padece la salud nacional, que como todos los hospitales públicos, sufre el abandono por parte del gobierno porteño. Con respecto a este tema, un directivo del hospital nos dice que “Muchas horas se cubren con suplencias de guardia, que es una forma flexibilizada de trabajar. Habría que lograr un buen espacio físico para trabajar. Necesitamos un tomógrafo computado, también recuperar las salas que se han perdido, como la 18 y 19; necesitamos más personal de enfermería, paramédicos y camilleros”.
A pesar de la situación relatada, los profesionales del Muñiz redoblan sus esfuerzos para brindar una atención destacada a los pacientes, a costo de horas extras.
 “Fue de gran ayuda para el tratamiento de los padecimientos llamados infecciosos. Además de los tratamientos, el hospital tiene varios programas de prevención. Miles de pacientes, hoy en día, podemos vivir normalmente gracias a la labor de todo el personal del Muñiz”, señala Marcela Peregrino, paciente del Hospital.
El Hospital Francisco Javier Muñiz fue fundacional para la medicina Argentina, y la rama de enfermedades infectocontagiosas. A pesar de las complicaciones, sigue atendiendo a miles de personas con enfermedades consideradas “epidemias mortales”.

Paul Cosseddu