Cines de barrio
Hubo un tiempo en que ir al cine era mucho más que ver una película. Era un ritual familiar, un punto de encuentro entre vecinos y una de las principales actividades sociales del barrio. Durante buena parte del siglo XX, Parque Patricios contó con varias salas cinematográficas que, además de proyectar los grandes estrenos de la época, recibían espectáculos teatrales, artistas populares y eventos comunitarios. En aquellos años, las noches del barrio se llenaban de luces de marquesinas, boleterías con largas filas y salas repletas de familias que encontraban en el cine un espacio de entretenimiento y encuentro. Aunque hoy esas salas ya no funcionan como tales, su recuerdo sigue vivo en la memoria de quienes las conocieron. El gigante de Avenida Caseros El más emblemático fue, sin dudas, el Cine Teatro Urquiza, ubicado en Avenida Caseros 2826. Inaugurado el 20 de mayo de 1921, fue una de las salas más importantes de Buenos Aires. Su capacidad alcanzaba los 1.600 espectadores, distribuidos entre platea, tertulias y palcos, y contaba con un detalle que lo hacía único: un techo corredizo que permitía disfrutar de las funciones bajo el cielo estrellado durante las noches de verano. Por su escenario pasaron figuras inolvidables de la cultura nacional como Carlos Gardel, Tita Merello y Aníbal Troilo, convirtiéndolo en un verdadero centro cultural del sur porteño. Décadas después, el edificio dejó de funcionar como cine y atravesó distintos usos comerciales, hasta que una fuerte movilización vecinal logró preservar su histórica fachada y mantener vivo el sueño de recuperar ese espacio para la cultura. Las salas de la calle La Rioja La calle La Rioja también fue protagonista de la vida cultural de Parque Patricios. Allí funcionaban tres salas muy queridas por los vecinos: el Cine Rivas, el Cine Teatro Pablo Podestá, conocido cariñosamente como "El Pablito", y el Cine Patricios. Durante décadas fueron escenarios de estrenos cinematográficos, funciones teatrales y espectáculos populares que reunían a familias enteras. Con el paso del tiempo, la llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos de consumo provocaron el cierre de estos tradicionales cines barriales. Hacia fines de la década de 1980, tanto el Rivas como el Pablo Podestá bajaron definitivamente el telón, poniendo fin a una etapa inolvidable para el barrio. Un patrimonio que sigue vivo Aunque hoy las funciones ya no se anuncian en sus marquesinas, los antiguos cines de Parque Patricios siguen ocupando un lugar especial en la historia del barrio. Sus edificios y los recuerdos de quienes los frecuentaron forman parte del patrimonio cultural de una comunidad que encontró en esas salas un espacio para emocionarse, reír, aplaudir y compartir. Recordar estos lugares es también rescatar una forma de vivir el barrio, donde el cine era mucho más que una pantalla: era un punto de encuentro, un símbolo de identidad y una parte fundamental de la vida cotidiana de generaciones de vecinos. Una noche de cine en 1950 Las familias caminaban por Avenida Caseros rumbo al cine, los chicos esperaban ansiosos la función y los mayores aprovechaban para encontrarse con amigos y vecinos. Antes de que existieran los shoppings y las plataformas de streaming, el cine de barrio era mucho más que una sala de proyección: era el gran punto de encuentro de la comunidad.