Día de la madre

Cinco mujeres, cinco historias y muchas formas de cuidar Cada tercer domingo de octubre, en Argentina celebramos el Día de la Madre. Para muchos es una jornada de abrazos, encuentros y recuerdos familiares. Pero la maternidad no tiene una única historia ni se vive de una sola manera. A lo largo del tiempo hubo mujeres que dejaron huellas profundas desde lugares muy diferentes: madres que educaron mientras transformaban la ciencia, mujeres que atravesaron guerras junto a sus hijos, figuras religiosas convertidas en símbolos universales y otras que, sin haber sido madres, hicieron del cuidado de los demás una parte fundamental de sus vidas. En este Día de la Madre elegimos recordar a cinco de ellas: María, una imagen universal de la maternidad. Para la tradición cristiana, la Virgen María, madre de Jesús, representa una de las imágenes de maternidad más reconocidas del mundo. Su figura quedó asociada durante siglos al amor maternal, la protección, la entrega y el acompañamiento. Más allá de la dimensión religiosa, innumerables obras de arte, esculturas, pinturas y expresiones culturales han representado a María junto a su hijo, convirtiendo esa imagen de madre e hijo en parte de la historia cultural de Occidente. Marie Curie: científica, pionera y madre. La historia de Marie Curie suele contarse a través de sus extraordinarios logros científicos. Fue la primera mujer en recibir un Premio Nobel y la única persona que obtuvo premios Nobel en dos disciplinas científicas diferentes: Física y Química, pero Curie también fue madre de Irène y Ève. Tras la muerte de su esposo Pierre en 1906, continuó criando a sus hijas mientras desarrollaba una carrera científica excepcional. Y ocurrió algo extraordinario: Irène siguió los pasos de sus padres. Se convirtió en científica y, junto con su esposo Frédéric Joliot-Curie, recibió el Premio Nobel de Química en 1935. En aquella familia, el conocimiento también pasó de una generación a otra. María Remedios del Valle: la Madre de la Patria. Su historia permaneció durante mucho tiempo fuera de los grandes relatos nacionales. María Remedios del Valle, mujer afrodescendiente, acompañó al Ejército del Norte durante las guerras por la independencia. Participó en campañas militares, asistió a heridos y también combatió. Manuel Belgrano llegó a otorgarle el grado de capitana por su actuación. Su vida estuvo atravesada por enormes pérdidas personales y por años de pobreza y olvido. Con el tiempo, su figura comenzó a recuperar el lugar que merecía en la historia argentina. Actualmente, cada 8 de noviembre Argentina conmemora en su honor el Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro. Su historia nos recuerda a tantas mujeres que sostuvieron, acompañaron y lucharon aun cuando durante generaciones sus nombres casi no aparecieron en los libros. Juana Azurduy: madre en tiempos de revolución, fue una de las grandes protagonistas de las luchas por la independencia en Sudamérica, pero detrás de la figura militar existió también una historia profundamente familiar. Junto a Manuel Ascencio Padilla tuvo hijos y atravesó la maternidad en medio de campañas, persecuciones y enfrentamientos. Varias de sus hijas e hijos murieron durante aquellos años, en condiciones extremadamente duras. Azurduy continuó luchando y llegó a comandar tropas, convirtiéndose con el tiempo en símbolo de la participación femenina en las guerras independentistas. Su vida muestra una maternidad atravesada por una realidad que hoy resulta difícil imaginar: criar, proteger y despedir hijos mientras se luchaba por construir un nuevo país. Teresa de Calcuta: cuidar sin ser madre. Y quisimos incluir una quinta historia diferente. Teresa de Calcuta no fue madre. Como religiosa católica consagró su vida a su vocación y fundó en 1950 las Misioneras de la Caridad en Calcuta, India. Su trabajo estuvo dedicado especialmente a personas pobres, enfermas y abandonadas, y alcanzó reconocimiento internacional. En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz. Su presencia en esta nota nos permite ampliar la mirada: porque existen personas que, sin ocupar el lugar de una madre, pueden convertirse en figuras fundamentales de cuidado, compañía y contención. Cuando mamá ya no está, El Día de la Madre tampoco se vive igual en todas las casas. Para algunas personas es una celebración llena de encuentros. Para otras puede traer nostalgia porque mamá ya no está. También están quienes viven lejos, quienes tuvieron relaciones difíciles con sus madres o quienes encontraron ese afecto y esa contención en otras personas. Puede ser una abuela, una hermana, una tía, una amiga, una madrina o alguien que simplemente estuvo cuando hacía falta. Quizás por eso, además de celebrar a nuestras madres, este día pueda servir para reconocer los vínculos que nos sostienen. Porque hay ausencias que nunca dejan de sentirse, pero también existen abrazos que ayudan a transitarlas. Y a veces, cuando alguien que queremos ya no puede sentarse a nuestra mesa, recordarlo, contar sus historias y compartirlas con quienes siguen allí también es una manera de tenerlo cerca.




