DÍA DEL MAESTRO
El 11 de septiembre no es solamente una fecha para saludar a los maestros. Para muchos de nosotros, es la oportunidad de volver por un instante a esos lugares donde comenzó buena parte de nuestra historia: la escuela, los amigos, los recreos, los actos y aquellas personas que, además de enseñarnos, dejaron una huella que el tiempo no pudo borrar. La fecha se conmemora en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, fallecido el 11 de septiembre de 1888. Para mí, pensar en el Día del Maestro es pensar en el Colegio Santa Elisa. Allí fui alumna, allí también estudió mi hermana y allí viví una parte de mi infancia que todavía hoy recuerdo con una sonrisa. Fue uno de esos colegios profundamente barriales, donde las familias eran parte de la vida cotidiana y donde la escuela no terminaba cuando sonaba el timbre. Recuerdo a Analia y Marisa, mis amigas hoy en día, las actividades familiares, los encuentros parroquiales, los actos escolares y tantas situaciones que hoy, con el paso del tiempo, adquieren un valor todavía mayor. Las mamás estaban presentes, participaban, colaboraban y formaban parte de una comunidad en la que todos se conocían y se acompañaban. Y entre tantos recuerdos hay uno que parece salido de una película: fue allí donde conocí a quien hoy es mi marido, el amor de mi vida y el padre de mis dos hijos. Quién iba a imaginar que una escuela podía convertirse, además de un lugar de aprendizaje, en el escenario donde comenzaría una historia que iba a acompañarnos toda la vida. Pero hay algo que atraviesa todos esos recuerdos: los maestros. Docentes que no solo enseñaban materias, sino que conocían a sus alumnos, se preocupaban por ellos y muchas veces iban mucho más allá de lo que indicaba su tarea. Había una dedicación profunda, un compromiso humano y una cercanía que hacía sentir que la escuela también era una familia. Y cómo olvidar a una directora que, con los años, siguió formando parte de mi vida al punto de acompañarme incluso en mi cumpleaños de 15. Ese gesto dice mucho más que cualquier discurso sobre educación: habla de vínculos que no terminan cuando uno deja el aula. Quizás por eso algunas escuelas nunca se van de nosotros. Cambian las aulas, pasan los años, aparecen nuevas generaciones y cada uno toma su propio camino, pero quedan los nombres, las voces, los amigos y esas pequeñas anécdotas que vuelven de repente cuando menos lo esperamos. En este Día del Maestro quiero recordar a todos esos docentes que hicieron de la enseñanza una tarea de amor. Y también agradecerles porque, muchas veces sin saberlo, no solo ayudaron a formar alumnos: ayudaron a formar las personas que somos hoy.




