PRIMAVERA

Cuando la primavera llegaba al barrio, de los festejos en las plazas y las reuniones entre vecinos a las flores que vuelven a pintar de color nuestras calles. Hubo una época en la que la llegada de la primavera se esperaba con una ilusión especial. El 21 de septiembre era mucho más que una fecha del calendario: era una invitación a salir de casa, encontrarse con amigos, preparar una merienda y disfrutar del barrio. Las plazas se llenaban de chicos, las familias organizaban picnics y los grupos de amigos buscaban cualquier excusa para pasar la tarde juntos. Había guirnaldas, música, juegos, bicicletas, partidos improvisados y esa sensación de que el invierno quedaba definitivamente atrás. La celebración era sencilla, pero justamente ahí estaba su encanto: no hacía falta demasiado para convertir una tarde cualquiera en un recuerdo inolvidable. La primavera también transforma la Ciudad. Con el aumento de las temperaturas, vuelven a brotar los árboles, aparecen flores y se activa la biodiversidad urbana, con mayor presencia de aves, mariposas y otros polinizadores. Flores de nuestra tierra: Y septiembre es una buena oportunidad para mirar también nuestra flora nativa. Entre las especies que podemos encontrar en la Ciudad aparecen el lapacho rosado, el ceibo, el jacarandá, la salvia guaranítica, la pasionaria y la verbena de Buenos Aires, entre muchas otras. El lapacho rosado merece una mención especial: es originario del nordeste argentino y florece profusamente en primavera, muchas veces antes de que aparezcan sus hojas, ofreciendo una imagen espectacular con sus flores rosadas. La primavera, entonces, no solo llega al calendario. Llega a las veredas, a las plazas, a los patios y a los árboles que vuelven a recordarnos que la ciudad también tiene estaciones para celebrar.




